El ídolo de Fawcett
Harrison Percy Fawcett, uno de los más grandes exploradores del siglo XX, obsesivo hasta lo fatal por encontrar las ruinas de la mítica Atlántida, portaba consigo un extraño ídolo de “unas diez pulgadas de altura, esculpido en un pedazo de basalto negro. Una figura con una placa en el pecho, en la que se observan ciertos caracteres. En sus tobillos también hay una pequeña placa, con caracteres similares. [...] Creo firmemente que proviene de una de las ciudades perdidas”.
En 1925, Fawcett no vuelve de la que sería su última expedición. Las selvas del Mato Grosso en Brasil fueron testigos directos de la desaparición del explorador y del caprichoso destino el extraño ídolo que siempre portaba.
Su hijo Brian, recibió de un primitivo pueblo del Grosso, como tétrico regalo, el ídolo de su padre, iniciando así un largo peregrinar desde sus manos hasta un comercio de Corumbá.
Sin embargo, Fawcett tuvo tiempo en su día de investigar sobre la estatuilla. Haciendo uso, no sin reticencias de un psicometrista (de psicometría: Método basado en la teoría de que todo material conserva en sí las vicisitudes de su esencia. Su origen), el cual sorprende a Fawcett sobremanera con sus palabras: “Veo un gran continente de forma irregular, que se extiende desde la costa de África hasta Sudamérica. Numerosas montañas se esparcen sobre su superficie. Allí y allá parece que un volcán está a punto de entrar en erupción. La vegetación es prolífica y de naturaleza tropical y subtropical. La población está muy esparcida. Es bien formada de cuerpo… de piel muy oscura, pero no es negra. Sus características más marcadas son los pómulos salientes y los ojos muy brillantes y penetrantes. Yo diría que su moral deja mucho que desear y que su religión se acerca a la demonología. Veo aldeas y ciudades revelando señales de una civilización bastante avanzada y determinados edificios bien ornamentados que imagino serán templos”.
Y seguía contando: “El interior del templo es oscuro. Sólo se ven los altares y una imagen a modo de gran ojo. Todo el rito parece ser ocultista, al que se le agregó un sistema de sacrificios, aunque yo no pueda ver si es de sacrificios humanos o de animales”. El médium observó como los sucesivos sacerdotes del templo iban heredando el ídolo de basalto hasta que llegara a la persona en manos de la que reencarnara el hombre santo reflejado en esa estatuilla de roca. “… Es cuando las cosas olvidadas serán esclarecidas a través de su influencia”.
Volcanes en erupción arrojando lavas incandescentes, mientras el mar elevado sumergía una basta región del continente. La gran mayoría de las gentes perecería bajo las aguas o a causa de los terremotos…
El mensaje del ídolo, sin embargo, jamás fue descifrado y la veracidad de la existencia de la ciudad perdida sigue siendo una incógnita. La mayor aproximación se realizó en la década de los años 70, cuando Aldo Ottolenghi dejó escrito en su obra Civilizaciones americanas y prehistóricas que el ídolo reflejaba “[...] un dios o un hombre que ofrece a la humanidad una escritura fonética. [...] La conmemoración de la aparición de un nuevo tipo de escritura. [...] Todos los caracteres que el ídolo llevaba en sus pies podían clasificarse como pertenecientes a las escrituras consonánticas de época líbica y sudarábiga conocidas como safaíticas y sabeena, en época de la conocida reina de Saba”.
¿Podría ser el ídolo una falsificación pues?. El propio Ottolenghi trató de responder, opinando que “tendría que haber sido falsificada por un estudioso diabólico, que hubiera construido todas las letras de una escritura consonántica de su invención, que tuviera elementos que volveremos a encontrar en una serie de escrituras arcaicas, algunas de las cuales todavía no habían sido descubiertas”.
Como último dato curioso, de estos que tanto nos gustan en aenigma y de los que haremos con el tiempo un gran uso, en la fachada del templo de MedinabetAbú, podemos observas la imagen del faraón Ramses III repeliendo el ataque de una cultura que los arqueólogos jamás han podido identificar. Unos atacantes con un tocado en la cabeza, claramente identificable con el tocado… del Ídolo de Fawcett.


Javier
3 Ene, 2010
Eres una caja de sorpresas.
Excelente compañero, ya tienes un seguidor mediante el feed.
Un saludo